La Internet de las cosas (muertas)

Existe desde hace tiempo un empeño por señalar a una parte de la especie humana en relación simbiótica con un conglomerado digital que, de una manera u otra, desemboca siempre en lo mismo: la Internet.

A esa parte de la especie se la presupone nacida ya dentro de la existencia de este ente, la Internet, que además de existir desde mucho antes, probablemente —estoy seguro— fue más relevante para muchas personas de diferentes generaciones que simplemente crecimos o nos desarrollamos con ella.

Por desgracia, la Internet tal y como la conocíamos murió hace tiempo. Esa divertida, útil, lúdica y sorprendente. No es que hoy no existan todavía esos factores, pero se dan de otra manera.

Prácticamente siempre de la mano de estrategias de desarrollo, buscando impactos de marca. O persiguiendo otros fines bastante más feos.

Hace tiempo empezó a hablarse de la internet de las cosas como el antecedente de un futuro brillante y mejor, en el que el concepto de utilidad estaba inevitablemente ligado al desarrollo y al crecimiento en todos los aspectos.

Para esta, nuestra red, aquello acabó suponiendo más bien su conversión en «la Internet de las cosas muertas», porque muertas están buena parte de las iniciativas que en su momento hicieron de todo esto aquel fértil ecosistema de antaño.

La Internet de las cosas muertas son, por ejemplo, los blogs. Como este, que quedó aparcado cuando empezó a escasear el tiempo y luego ya directamente paralizado cuando la vida nos llevó a todas las personas por otros caminos.

Los blogs fueron lo mejor de esa internet. Hay que empezar a decirlo en alto. Y se ha perdido mucho de tantos que se borraron o que acabaron hundidos dentro de sistemas que no sobrevivieron al paso del tiempo.

Este, por suerte, no feneció. Y por eso no se eliminó nunca, ni se eliminará.

Todavía aparece en resultados, porque aún queda gente que rastrea información en buscadores y no acude directamente a foros masivos o redes sociales. Así que se merece quedarse donde está.

La internet de las cosas muertas también debería ser la de aquellas que permanecen. Porque eso de permanecer, a veces, tiene más valor que todo lo que intenta convencernos mediante permanentes urgencias.

El blog de enimaxes se queda en la web de enimaxes.

Las personas que escribíamos aquí no hemos dejado de hacerlo y tampoco tenemos intención de parar, pero seguirá siendo por otros lados. Este espacio se mantendrá así, atemporal, como un limbo que construíamos pensando en un mundo fabuloso que estaba por venir y cuyo mayor logro, imaginábamos, no consistiría en que te mandara mensajes la lavadora.

El mundo, en fin, que se ha convertido un poco en esto:

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